A Alejando Aguilera G.
uno de mis mejores amigos
Hace más de la mitad de mi vida fue que llego. Ojos sonrientes y carácter de líder. Inteligencia y caballerosidad. Confidente y claro, complice de tantos chismes que con sólo la mirada se puede compartir. Sabedor de secretos. También corazón abierto.uno de mis mejores amigos
Durante los primeros seis años sólo estaba a la distancia. El asunto cambio cuando entramos a secundaria y por azares del destino nos tocó el mismo salón. Imagino que en algún momento hasta nos sentamos juntos. Desde entonces está cerca. Aún en la distancia.
Las palabras han ido en ambas direcciones, los consejos, los lamentos, las victorias, las apuestas. Saber del otro ha sido un constante. No importa los días de silencio. Siempre existe un día donde se rompe y se sabe del otro.
Hoy ya tienes treinta años. Estás en un país que no es el tuyo. Cumpliendo lo que tal vez no querías ni soñaste pero algo que te provoca, un reto que nació un día y simplemente lo tomaste como tuyo.
Un proyecto anterior se presto a una discusión terrible. Sobre todo me contaste los miles de secretos que no te dejaban dormir, para tu suerte se esfumo.
Entonces llegaron los treinta años. Tres décadas en las que tienes una infinidad de recuerdos. ¿Qué decirte hoy?
Tal vez desearte, más que decirte, que encuentres un amor que te haga temblar el cuerpo y te ayude a conquistar el mundo. Que te escuche. Que sigas leyendo mil libros que te hablen de ti.
Te diré un secreto, cuando pienso en ti, recuerdo muchas charlas, horas de platica, de sueños, de conquistas, de proyectos. El sueño del arqueólogo que espero algún día tengas tiempo para por lo menos hacerlo como hobbie. La del presidente, que según recuerdo me darías algo con cultura; ahora la ventaja es que la apuesta es que hagamos negocio con la cultura y tú como asesor (es una buena idea, deberías pensarlo).
Han pasado más de quince años, más de la mitad de mi vida y ha sido todo un placer estar a tu lado como amiga. Verte crecer, escucharte sobre las pasiones, los viajes.
Hoy miro un viejo regalo tuyo, una botella que tiene una pintura, recuerdo el día que me la diste, pude elegir entre varias. La botella después de quince años sigue en mi tocador, la miro con sus flores, sus nubes y recuerdo también tus dotes de pintor.
Curioso, pensar en ti, me hace acordarme de miles de momentos, detalles, charlas, horas de café, tú molestandome por mis decisiones... pero ante todo eso, puedo decir eres grande Alex y espero ver en que te conviertes en tu día a día.
¡Felices años por venir!
1 Extranjeros dicen...:
Todos tenemos un Alex así en nuestras vidas. El mío lo conozco desde que nació, pues es mi hermano el querube.
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