jueves 8 de abril de 2010
miércoles 7 de abril de 2010
Carta de despedida
Te digo adiós despacito, en el corazón, como un susurro del viento para que se confunda con los rugidos del norte, tranquila, sonrío y te digo chao para que no se agite tu mente y te distraigas pensando en porque te digo ya no más.
No es tu culpa, pero no me crees. Se dio todo la noche en la que paso ese hombre que lo miraste de arriba a abajo, lo barriste con la mirada diciendo que qué mujer podría fijarse en él, mientras mis ojos lo seguían. Él se dio cuenta. Él me miró y esperó que fuera al baño para entregarme una servilleta con su celular.
La guarde en la bolsa del pantalón, la guarde muy bien al llegar a casa y a primera hora, cuando tú te marchaste le marqué. Me dio la dirección de un café pequeño con un gusto muy especial en su arreglo, me enteré que era de él. Nos sentamos a charlar. No fuiste tú, fue él, él me fue ganando, me fue llenando de caricias que no sólo sentía mi cuerpo, me hacía vibrar el alma como tú nunca lo hiciste.
No puedo negarlo, sé de ella, de esa mujer que te ha hecho mentirme y ahora que encontré lo que buscaba, ahora que ella espera a tu hijo te digo adiós.
Sé que no aceptarás mi reclamó porque crees que el traicionado eres tú, sin embargo soy yo. En realidad eres tú, porque desde el primer día te traicione diciéndote que si, más nunca has sido un si, eres un puente, una barca, un pasaje, no el fin, no el lugar de llegada, no el hombre que espero me acaricie las canas, como ese hombre que sólo con palabras me sedujo el corazón, el alma; él ganó mi cuerpo con una mirada y mi vida con una servilleta.
Te digo adiós, adiós ahora que puedes verme a los ojos y reclamarme con una extraña frialdad que no te conocía, te la devuelvo con un nuevo brillo en mis ojos y creo que es lo que de verdad te molesta, que te digo ciao, como si te dijera mañana regreso y ese es tu pesar.
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