sábado 25 de diciembre de 2010

Espejo


No se mira el espejo de frente. No se pone uno a observar el rostro cuando ha derramado lágrimas, los ojos enrojecidos, la cabeza apasionada no mira bien los ángulos de la barbilla, la inclinación de la cejas, ni la propia profundidad de los ojos. Son momentos en los que uno debe echar un trapo sobre el reflejo, taparlo, evitarlo. Sentarse a mirar el viento, a escuchar el tráfico, a observar la gente que pasa.
No se mira uno en pedazos. Cuando la mañana sonríe y uno puede devolver la sonrisa es cuando se ha detenido la cabeza; se puede comprender que situación ha detonado el estallido de un lamento, que antes de ser catártico se desborda en histeria, toda emoción visceral deja en descubierto el temor que se alberga.
Se debe mirar uno como un todo, aún inacabado, sólo en días que uno tiene un gesto hierático es capaz de observarse en el espejo sin sacar del mismo demonios internos, externos u otros seres que pueden adherirse a nuestro lado oscuro y desatar los maremotos que suben del estomago hasta el cerebro, pasando todo el ardor cerca del corazón.
Se debe mirar tratando de creer que todo está bien, de preferencia siempre, es la única foma de engañar al espejo, es solicitarle un favor como si fuera cuento de hadas, es creer que nos dice la verdad cuándo le preguntamos por nosotros y si acaso miente, será nuestra sonrisa la que le crea y no un torpe miedo que no tiene nombre.

1 Extranjeros dicen...:

BEATRIZ dijo...

Hola te encontre en Narrativa Michoacana, vine por conriosidad y me gustó tu enlace "caracol de fuego" ahora estoy escribiendo algo sobre Heráclito y tiene mucho que ver con el elemento cósmico del fuego.
Tu narración es una observación interna y tiene las características de nuestro propio rostro, pero enternecido.
Un placer.
Si te apetece pasar por mi blog, tienes el enlace.