
Me miró a los ojos y confeso todo, palabra por palabra. Aunado al secreto la última frase, eres la única que lo sabe. Mi corazón es una bodega de secretos y permití de buena gana uno más, permití que la boca de ese otro hablara hasta descansar. Permití que el Otro dejará descansar su alma y me diera lo que tanto le pesa. "Es la única forma en la que resolverás lo que te duele", dije, "es la forma de quitarnos un peso para la siguiente batalla".
Sus ojos me miraron, creo que se quedo pensando muchas cosas, esas ya no me pertenecen, son de ese Otro y no he querido preguntar.
Los secretos que albergo son de muchas personas, hombres y mujeres. Cada uno ha creído razones diferentes para decirlos.
Sé que yo misma ha regado sus propios secretos para curarse. Son demasiados, a veces terribles, tiranos que queman la punta de la lengua cuando uno quiere decir que ya lo ha vivido pero debe callarse.
El Otro me pregunto si podía ayudarme en algo, y por ende, le deje algunos pequeños secretos, los suficientes para poder dormir tranquila algunas noches, antes de que vengan mis secretos jalar las sábanas para verme soñar bajo el frío de la noche.
Por eso guardo secretos, grandes, pequeños, terribles, luminosos, amorosos, lujuriosos y más. Es un deber guardar secretos de los Otros, solamente eso nos queda para hacer más sencillo el caminar de día con la cabeza pegada al cuerpo.
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