martes 30 de noviembre de 2010

De las palabras y algunas verdades. (Historia de fantasía sin mito conocido)

Días intensos en colores vibrantes, azul eléctrico y azul violeta, la cabeza da vueltas, de mil imágenes nace una, un collage gigante me recubre el cuerpo.
Soy yo la soñadora, domadora de nubes, inventora de puentes para niños de tres años que me cuentan secretos de otra tierra. Soy el ser mágico que los escucha y les recuerda lo que deben enseñar en está su nueva tierra.
Soy la encantadora de oídos, de las mujeres tristes, de los hombres fríos, de las adolescentes maduros, de los jóvenes deprimidos, de los niños adultos... a todos ellos les leo, les escribo, les cuento. Son días de miradas perdidas en árboles cenzontles que narran las historias de la vida.
Del mar sirenas, de la montaña dragones. En un mundo con esté sentido la piel brilla, el sol calienta y apenas un puñado de gorriones baila.
Él vestido de azul, en la montura de un pegaso, se dice llamar el mago más extraordinario del mundo, levanta la báculo conjurando sus podres, destellos dorados y rojos brillan en sus manos. Él mira mi casa, mi castillo, sonríe entre duendes y presenta la ofrenda.
Acepto el presente. Extiendo un regalo. Tres libros destrozados que en su mochila él guarda. Nos sentamos despacio. Sin mirar los anillos, las piedras preciosas, los símbolos tatuados, la historia escrita en las manos, en la sangre.
Sin decir secretos nos miramos asombrados. Un secreto se enreda sin ser pronunciado.
Venda los ojos y me quedo sentada a su lado. Confío. Como toda criatura de esperanza le espero. En mis manos deposita un secreto que no puede ser visto, palpita y no es corazón, vibra y es caliente. Pide que lo guarde en mi mochila.
Sin más preambulos comiezan las palabras a salir de mi boca, en sonidos para niños, para adultos, desde los más inocentes hasta los más eróticos. Cuento historia tras historia. Ermitaños de todas las montañas llegan a escucharme. Viajeros, brujas, magos, arlequines y juglares llegan a preguntarme por la historia que debío verlos nacer. Narro e invento historias para aquel que quiere saber el secreto de las líneas de sus pies.
El objeto guardado en la mochila llora. Lo saco y por fin ante mis ojos brilla, me saluda. Y comprendo lo impronunciable.
Aparece en ese momento el hombre del pegaso. Erigue una pequeña cabaña a lado de mi castillo. Un buen establo para su compañero. Y sentado sobre una piedra a mi lado escucha lo que de mi boca sale.
Soy encantadora de los seres más extraños del día y más tiernos de la noche. Soy la que cuenta los secretos que cada corazón esconde a la mente que lo dirige. También soy la amante del hombre que entrega verdades a las mujeres inventoras, que les entrega la verdad de su corazón y cuando ellas lo descrubren encuentran de frente el sol que las llene, convirtiendolas en lunas de día.

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