
Desde hace mucho tiempo que el silencio nos ronda. El calor del verano nos ha dejado lejanos, no nos atrevemos abrir la boca, fue un terrible invierno el que vivimos.
Y ahora regresa. Con su sonrisa helada pasa el viento y nos recuerda platicas de otro tiempo, el tiempo en que no pensamos en que los sucesos son causa y emoción, una implosión de miles de ideas.
El silencio nos hace hondos, vacíos nos deja ante la sombra de su luz, perplejos por los instantes que nos roba la intensidad de las carcajadas.
No he dicho nada. No he podido arrancar de su boca la última frase. En el fondo del cuarto sólo se escucha la voz de Ximena que juega ahuyentando a los payasos. Le he dicho que no puede hacer nada, que no se irán. "No puedes empujarlos Ximena" la voz de su hermano resuena con mayor potencia, le toma la mano a Ximena y la abraza "No pueden irse, los han enviado a bailar contigo". Leonardo se siente impotente ante la llegada de más payasos, miro de reojo a los invitados y veo para suerte de ambos que Leonardo se ha equivocado en nombrarlos, son arlequines. Ximena está más risueña que si fueran payasos.
El silencio me mira de frente diciendo que sólo me da tregua. En sus ojos leo la imagen de un futuro incierto. Me reflejo sin nombre, apenas una silueta.
Ahora Ximena abraza a Leonardo y dice que todo estará resuelto en cuanto los payasos se vayan, les grito, les advierto que son arlequines y deben quedarse, son de buena suerte.
El silencio se mantiene aturdido a mi espalda, me abraza y su mirada se posa en Ximena y Leonardo, mira a los infantes, me abraza más fuerte. Comprendo el abrazo y me despido. Ximena me abraza, Leonardo dice adiós sin lágrimas.
Doy media vuelta, Silencio se convierte en un ser que toma mi mano, está tibia. Avanzamos. Seguimos.
Las risas de otros tiempos gestan una círculo a nuestro alrededor. Sigo caminando segura de que el camino es el correcto.
Ximena y Leonardo han entendido a los arlequines.
La imagen pertenece al autor
Maurice Sendak
Maurice Sendak