domingo 29 de noviembre de 2009

Cascabel



Desde hace mucho tiempo que el silencio nos ronda. El calor del verano nos ha dejado lejanos, no nos atrevemos abrir la boca, fue un terrible invierno el que vivimos.
Y ahora regresa. Con su sonrisa helada pasa el viento y nos recuerda platicas de otro tiempo, el tiempo en que no pensamos en que los sucesos son causa y emoción, una implosión de miles de ideas.
El silencio nos hace hondos, vacíos nos deja ante la sombra de su luz, perplejos por los instantes que nos roba la intensidad de las carcajadas.
No he dicho nada. No he podido arrancar de su boca la última frase. En el fondo del cuarto sólo se escucha la voz de Ximena que juega ahuyentando a los payasos. Le he dicho que no puede hacer nada, que no se irán. "No puedes empujarlos Ximena" la voz de su hermano resuena con mayor potencia, le toma la mano a Ximena y la abraza "No pueden irse, los han enviado a bailar contigo". Leonardo se siente impotente ante la llegada de más payasos, miro de reojo a los invitados y veo para suerte de ambos que Leonardo se ha equivocado en nombrarlos, son arlequines. Ximena está más risueña que si fueran payasos.
El silencio me mira de frente diciendo que sólo me da tregua. En sus ojos leo la imagen de un futuro incierto. Me reflejo sin nombre, apenas una silueta.
Ahora Ximena abraza a Leonardo y dice que todo estará resuelto en cuanto los payasos se vayan, les grito, les advierto que son arlequines y deben quedarse, son de buena suerte.
El silencio se mantiene aturdido a mi espalda, me abraza y su mirada se posa en Ximena y Leonardo, mira a los infantes, me abraza más fuerte. Comprendo el abrazo y me despido. Ximena me abraza, Leonardo dice adiós sin lágrimas.
Doy media vuelta, Silencio se convierte en un ser que toma mi mano, está tibia. Avanzamos. Seguimos.
Las risas de otros tiempos gestan una círculo a nuestro alrededor. Sigo caminando segura de que el camino es el correcto.
Ximena y Leonardo han entendido a los arlequines.


La imagen pertenece al autor
Maurice Sendak

miércoles 18 de noviembre de 2009

Días de palabras

Recogí todos los fragmentos como bien había dicho mi tío. Cada uno lo levante, tome la cinta adhesiva y comencé a pegar la carta. La tía Amelia no creía que pudiera volver a pegarla, pero no me importo. Pedazo a pedazo lo puse sobre la mesa y trate de armar de nueva cuenta la página. La carta no puede leerse en realidad, pero me aferro.
Mamá tienes días lejos, días en los que no hay forma de contactarla, en la que tan sólo sus palabras escritas son la única certeza de que esta bien y piensa en mi o eso quiero creer.

El día que mis padres me dejaron con tía Amelia y su marido ya es lejano. Dijeron que sería cuestión de días. Mi tía Amelia desde ese día metió mi ropa en el clóset, me explico cómo funcionaba la casa, me dio las llaves y recalco en un tono relajado que siempre podría preguntarle a ella o al tío lo que deseara saber y no encontrará respuesta en su biblioteca. Desde entonces las preguntas me aquejan, sin mamá, sin papá, sin el mundo que conocí hace unos meses apenas se ha fugado.

La carta la he pegado, le faltan pedazos, parece que las palabras claves se murieron en esas que se han quedado perdidas.
Estoy harto de no saber lo que debería saber. Ahora dejaré la carta, pediré a mi tía lo que mi madre debe responder. Si acaso comprendo las respuestas, podré seguir en paz.

domingo 8 de noviembre de 2009

De ideas


Me quede tendida en la cama toda la mañana, sonó el celular, contesté el mensaje de texto y volví ha acostarme.
Me levante cerca de las dos de la tarde, me bañe, comí algo y volví a la cama. Todo el día bailaron palabras e imágenes en mi cabeza. Si, hubo sueños donde vi todos los rostros que aún no conozco. También pensé en aquellos que se han ido y los que debo desterrar o dejar en paz.
Son días extraños, los que me soy sin rostro y máscara en construcción. Son días rebeldes los que se desdoblan en decires sin palabras y textos pequeños por el pasado que los cubre. Son momentos en los que la cama me da a pensar lo que el próximo año se debe planear, la ruta crítica.
Entonces a las ocho de la noche, la luna dice la dirección, locura para los próximos dos meses, el resto escalada.
Así se abren ventanas y puertas, se cierran cajas de madera y el mundo sigue girando.
Y es todo lo que regresa una buena gripa.

lunes 2 de noviembre de 2009

Entre vida



Son extraños los días en que la mañana anuncia vida.

La aurora parece un canto trágico cuando amenece rojiza.