miércoles 29 de abril de 2009

Silencio del corazón


A los que se los ha llevado el viento



Cuando un nombre pierde peso en el momento que lo pronunciamos, parece que los dolores se hacen olvido y el corazón cierra heridas antiguas para andar despacio en tierra, dar unos cuantos brincos y volar lejos del árbol donde ha llegado un invierno sin aviso.


Cuando al pronunciar un nombre, se queda amarrado en un pasado incierto, que sin futuro se va deshojando en el presente; entonces ese nombre se queda colgado en la pared de los cuadros donde la memoria anda de vez en cuando, pero que el corazón ya no puede opinar si acaso algo le queda guardado de esos tiempos.


Cuando al decir un nombre el corazón ya no siente la pasión, la furia, el dolor o el cariño, es que ha pasado suficiente tiempo para poder olvidar las síbalas que conforman ese todo y dejar en libertad las tardes de preocupaciones, las mañanas de avisos y noches junto al fuego que avivan los pasos compartidos.


Nombrarte desde esta ventana a las once treinta del día, es saberte extraña, desparecida, inhóspita, desierto de furia que no me pertenece, mar abierto donde los tiburones andan buscando presa.
Levantar la voz y llamarte es imposible, el viento me susurra que todo está bien, que los nombres han sido enterrados, porque si él no los siente, es que la garganta dejará de buscarlos.

lunes 27 de abril de 2009

Ante la miedo

Son días para que la esperanza tenga otra forma, otro modo de ser en este mundo que anda tan deprisa.
Son días en que cada uno se interna en si mismo y entre la paranoia y el mundo que llega al borde de ella misma se cuestiona si acaso el mundo es el infierno.
Sabias son las palabras que dicen que el infierno es lo que nosotros nos hacemos. El mundo lo hemos no creado, destruido según nuestros pasos en la tierra. Sin embargo, son tiempos para la fe, el amor, la esperanza, buscar en nuestra mente el último rasgo de respeto a nuestra especie.

¡Nosotros hemos llamado al Apocalipsis!

Es tiempo de los guerreros de la luz.

viernes 24 de abril de 2009

¿Donde?

Y la esperanza ¿cómo funciona?,
en el microcosmos y macrocosmos
o sólo uno de ellos.
A veces parece
que la esperanza es caso de individuos
y no del mundo.

martes 21 de abril de 2009

domingo 19 de abril de 2009

Azul


Imagino que mi vida depende de mis sueños.

Y mis sueños son drágones azules surcando los cielos.

Los cielos son ilimitados.

Lo ilimitado me recuerda la eternidad.

Al despertar, sé que mi vida

es inmensa y color azul.


viernes 17 de abril de 2009

Sin el País de las Maravillas


A I.A.G.,
porque sabe del laberinto.


Alicia se mira al espejo, no se ve, no se ve cómo ella se ha imaginado, es otra, su cara, su cuerpo es distinto. Alguien le toma la mano, no es el gato, ni el conejo, ni la reina. No es nadie que conozca.

Alicia se mira al espejo y ve que la figura reflejada es de la mujer que la toma de la mano, que no es ella, que ella no tiene reflejo, pero que toma la mano de la mujer que le sonríe y está a su lado. El espejo le da existencia y sólo refleja las manos tomadas una a la otra, unidas, pero sin el brazo, ni el cuerpo, ni el rostro de Alicia.

Piensa que si rompe el espejo se librará de la mujer. Se pregunta que pasaría sin ella: regresaría la locura, volvería al País de las Maravillas a estar con la oruga, a ser una niña que se come los huevos y por eso la acusan de serpiente, entonces duda en romperlo.

Alicia no existe sin la otra mujer que no es ella, pero que al final es un refugio. Alicia se pierde en su cabeza, no dice nada, piensa mucho y trata de no sentir para encontrar la mejor solución. Cuando se acercan los otros, Alicia no existe, la mujer habla, la mujer les cuenta, la mujer llora ante ellos y Alicia sólo la mira. No la ven, le llaman a la mujer por su nombre y no se dan cuenta que no es la niña de vestido azul y delantal blanco.

Por un momento imagina que es un sueño, lo repite, se lo repite, se lo vuelve a decir, que el sueño es de ella y ella se ve como se vería en diez años, se repite que debe abrir los ojos y despertar debajo del árbol en el que se quedó dormida como la última vez que siguió al conejo blanco, pero no puede, el espejo por primera vez no le hace caso y se da cuenta que será por la otra mujer, la que no sabe que siente y que piensa ella, que el mundo le nombre y la vea.

Alicia se quedará tomando la mano de esa extraña mujer que no es ella, pero el mundo ve. Alicia se quedará perdida en vida sin vivir pero observando como la otra mujer vive por ella.

jueves 16 de abril de 2009

Sin luna

El reloj marca la hora de levantarme, no puedo, pienso en la noche que me descubrió vacía y llena, sin plenitud pero con ansia, desesperada y un poco enamorada sin saber si era pasado, presente o deseo de morir.
El celular sonó insistente, mensajes y llamadas de tantos hombre que conozco como de los que por otras razones quieren entrar en mi vida. Hubo invitaciones a cafés, invitaciones a dormir, una que otra indecorosa y la gran mayoría clamaban por momentos de terapia de emergencia. Las edades variaron, desde los veintiuno hasta los cincuenta años. Algunos se desesperaron y mandaron mails, me buscaron por el messenger, dos de ellos llegaron a mi puerta y tocaron timbre, el claxon de sus coches y hasta chiflidos. Pareciera que ayer en la noche, noche de luna menguante, los hombres estaban enloquecidos y eso fue lo brutal, era una noche para que ellos fueran felices, fueran más libre de lo que son en realidad.

No dormí. Apague el celular apenas a las cuatro de la mañana, no abrí la puerta, no conteste ninguna misiva. Deje que el silencio abundara y mi cuerpo lleno de cargas extrañas se quedará quieto. Ya en la cama, sólo dormite, me moví al compás de raros sueños que me obligaban a despertar.

Entonces escucho el despertador, van tres veces que le pido diez minutos más, sé que obedecerá, no quiero salir de casa, ni hablar, ni pensar, ni ser vista. No quiero que el mundo identifique donde estoy. El cuerpo me pesa. La mente duerme. Mi alma duda. Mis sentimientos sólo desean vacaciones. Mis colegas me retarían a dejar el oficio.

Recuerdo que hace más de cuatro años no había tal avalancha en mi vida. Recuerdo que por aquel entonces había tanta tranquilidad y silencio que me aburría. Hoy quiero esa soledad que permite andar más tranquila.

Son ya las nueve de la mañana, el despertador está cansado de repetir que es tiempo de levantarme y salgo de la cama. Contra el deseo enciendo la computadora, el celular y comienzan a llegar mensajes, a entrar llamadas, las ventanas del messenger no me permiten checar los correos que abundan. Los hombres no me buscan a mi como mujer, cada uno tiene otra mujer en la cabeza, otros problemas, es en mi afán de héroe trágica que les ayudo a resolverlos, claro que algunos no puedo. Ni siquiera para los hombres que me hicieron propuesta indecorosas soy una mujer normal, me creen salvadora de perdidos, refugio de incomprendidos y uno de ellos cree que después de mi, después de que borré el pasado llegará la mujer que lo está buscando.

Son las diez. Ya desayuné, ya estoy vestida y cierro mi casa. Llego a mi consultorio, la lista es enorme, reconozco a muchos, muchos me miran con la cara de ilusión exigiendo ser atendidos. Me planto delante de ellos y les explico que a cada uno le daré su tiempo según llegaron al consultorio, no como me llegaron sus mensajes a mi celular, les explico que al ser muchos y todos importantes para mi como su terapeuta, buscaré la forma de ser eficiente y rápida. Sólo hay una mujer como paciente mía que es la que decido que pase primero, todos replican, les comentó que es necesario atenderla a ella, porque sin faltar a la verdad, tiene cita desde hace dos días. Los hombres se callan y se quedan ahí sentados mirándonos. Adentro la mujer me sonríe y dice que si necesito un masaje primero, sonrío y le digo que por primera vez preferiría una multitud de mujeres histéricas que hombres aterrados por la noche sin luna como los de afuera.

Son las dos y media de la tarde, he atendido a casi todos, los he atendido en escasos treinta minutos y han pagado como si fuera una hora, les he dado nuevas citas para concluir las sesiones, nadie ha replicado. A cada uno le he explicado que no puede acosar a su terapeuta, porque puede que no la escuche bien, cuando la buscan durante más de tres horas y a cada llamada ella le da una solución y entonces no la toman en cuenta porque creen que está mal lo que su terapeuta le dice; les explicó a todos un ejercicio simple de relajación.

Son las tres y llega uno de los hombres que ha hecho la propuesta indecorosa. Le respondo que quiere sexo, que es bueno desearlo pero no con su terapeuta, no soy sexóloga, ni siquiera soy psicóloga, mis lecturas no permiten atender su problema y le recomiendo mejor ir con su psicólogo al piso de abajo. Duda, dice que ya hablo con él y que decidió dejarme, en cambio me pide salir con él. Río, dime que se hace con un hombre que no entiende que no puedo aceptarlo por ética profesional.

Son las seis de la tarde, llegó a mi casa y todo está tranquilo. Los hombres encontraron tranquilidad, abro un vino tinto y escucho blues. Suena el timbre y abro. Es mi hombre. Le reclamó que el único que día que todos los hombres enloquecen el se desaparece. Me sonríe, pide disculpas y me comenta que todas sus mujeres pacientes estaban llamándole y que no podía dejarlas sin un consejo de su ginecólogo. Le doy una bofetada. Le doy otra bofetada. Él me abraza. Me explica que yo lo tengo de tiempo completo y ellas tan sólo en una llamada y para asuntos médicos. Lo vuelvo abofetear. Ayer todos los hombres enloquecieron y tú no, le respondo. Por fin llora, yo también, entre lágrimas me dice: "Hubo mujeres que me acosaron, sangraron como nunca y cómo nunca me preocupe por ti".

Son las ocho de la noche. Estamos juntos, encerrados en mi cuarto, acostados plácidamente en la cama. Le pido que deje de ejercer. Me pide que deje mi oficio. Nos miramos. Sin replicar nos quedamos callados. Asumimos que no va a pasar. Le digo que yo no sangre. Me explica que él no enloqueció. Le prometo que la próxima luna menguante estaré en su casa, desconectaré todo y apagaré el resto para que sólo me examiné a mi, que me responda todas mis preguntas. Me promete que la próxima luna menguante estaré en su casa, sin que ningún hombre me pregunte nada, ni me acose con sus problemas. Me pide que dejé mi casa, que vivamos en una, que así nadie nos hará daño cuando la luna menguante ponga todo de cabeza.

***

Hoy nuevamente es luna menguante. A todos mis pacientes los mandé con sus psicólogos desde las seis de la tarde. Estoy en casa de mi hombre, nos hemos atrincherado, desconectamos el teléfono y apague los celulares. A su lado parece todo tranquilo, pero está cuestionandome, me pongo nerviosa, sudo frío, sigue preguntando, no tengo muchas respuestas a sus palabras, siento algo caliente dentro del cuerpo y sangro. Nos asustamos los dos, salgo despavorida rumbo a mi casa, al entrar enciendo el celular y comienza a sonar, en la computadora hay ventanas abiertas pidiendo auxilio, llegan ahora tres hombres a la puerta de mi casa pidiendo verme. Trato de responderles a todos, les digo qué tienen que hacer, cómo hacerlo.
No duermo, sólo respondo. A las nueve de la mañana aviso que no asistiré al consultorio, no es día para tratar pacientes.

Son las diez, estoy en mi cama, tocan la puerta y es mi hombre. Me mira con los ojos hinchados, me pide perdón, se arrodilla y llora. Me cuenta que no entiende porque enloqueció, me dice que ni siquiera pudo responder a las mujeres que sangraban que hacer. Lo miró, lo dejó pasar, se tranquiliza y le pido que vaya con una colega, el acepta y se va.

Entonces, lloró, cada lágrima me recuerda mis pacientes, a mi hombre y sus pacientes, a cada colega, a todos, a todos aquellos que me acusan de loca y lloró más, no comprendo si la loca soy yo, porque los hombres enloquecen y las mujeres sangran exactamente cuando la luna comienza a desaparecer.



miércoles 15 de abril de 2009

entrevista

Tu voz es directa, dice y dice fuerte, escucho y te contemplo.
Mi voz es apenas un susurro. Tiemblo mucho. Siento como mi piel se electriza al mirar tus manos.

Sigues contándome de lo terrible del día, del dolor de pies, de los pendientes del día siguiente. No puedo seguirte en la conversación. No puedo hilar mis ideas. Tú eres un descubrimiento.

Concertamos la siguiente cita. Asumimos que hablaremos un poco sobre lo que hago en mi tiempo libre y si es posible que la empresa me contrate.

La entrevista no salió como lo imagine. No estuve tan maravillosa, pero en cuestión de minutos tenía mi cita para la siguiente parte. Parece que el trabajo puede ser mio.

domingo 12 de abril de 2009

Noticias de los valles

Los días son misterios que se descubren como pasos en un laberinto, Minotuaro sabe que mis temores de la guerra los he contenido en un lugar sumamente alejado de mi corazón y estoy decida a defender su territorio, ya sea la guerra con los de adentro o los humanos.
Centauro me ha comentado que los que dudaban de que puediera llevar en mi vientre al hijo de Minotauro han cambiado de parecer y ahora, justo que ha cumplido cinco años me respetan como madre, bruja y sobre todo como guerrera. Mi hijo es humano, sólo heredo de sus padre los cuernos y su fuerza, heredo de mi la magia y la voz llena de palabas para curar y matar. Le nombramos Mateo y ya habla como su padre, es un sabio muy pequeño.

La guerra del interior del laberinto ha venido pactando paz desde que supimos que los hombres, aquellos que temen el poder de la magia, los que no soportan los secretos quieren venir a cazarnos. Arpía me ha dicho que entren ellos cuentan la leyenda de una mujer que entró y Minotauro la hizo su esclava con la cual tuvo varios hijos para hacer un ejercito y acabarlos. Arpía se ríe de esas pabadas, ríe tanto que terminó a carcajadas con ella y disipa mi miedo. Arpía dice que son hombres los que han levantado ese rumor, hombres que seguramente me conocen y saben de mi poder, de mi magia y me quisieran a su lado para conquistar otros territorios. Dice que a las mujeres les doy envidia, saberme lejos de ellos y en brazos de un macho que me tiene sólo para él y en ese mundo raro dicen que a su vez, él es sólo para mi.
Arpía dice que si quiero puede ir a contar la historia que me hace amar a Minotauro y las infinitas dudas que él tuvo antes de aceptarme, para hacerlos entender que lo que el laberinto nos dió fue un lugar para sembrar amor. Le digo a Arpía que no vale la pena. Ella sabe que tengo razón, es demasiado en este momento saber que viene la guerra con los hombres, por ser diferentes a ellos; para que provocar su envida con el amor.

sábado 11 de abril de 2009

El cuerpo pide



Hoy no es un día común y corriente, desde que el aroma de tu perfume llego a mi nariz, supe que la vida estaba por darme una sorpresa.

Cada paso que te acercaste más, fue definitivo para el beso.

En ocasiones, uno debe dejarse ir con lo que el cuerpo le pide, sin pensarlo mucho.



miércoles 8 de abril de 2009

Ella y otros dos

A los cumpleañeros


Hace 78 años nació la mujer que gestó a mi madre. Aquella que me dijo que a sus 25 años ya tenía dos hijas y a sus 50 se hizo abuela. Nunca le gustaron los lentes. Nunca quiso andar con un bastón. Nunca dejo de preocuparse por el próximo. Nunca dejo de ser Luz.

Hace 34 años nacieron dos hombres, un escritor que me descubrió y que ahora leo; imagino que pronto sabré muchas cosas interesantes de él. También es artista plástico. El otro es un ingeniero que diseña máquinas que nunca podré construir; pero se comparte el gusto por un buen tinto.

Hace 27 años no sabía mucho de ninguno. Sabía que la mujer era alguien cercano a mi, pero a mis escasos seis meses de vida, no imagino lo que tenerla cerca me haría sentir. Sé que seguramente me hubiera cargado, era su primer nieta y apenas estaría en brazos.
Los hombres ni siquiera estaban cerca de mi escenario de vida; tendrían seis años y seguramente odiarían levantarse temprano para ir a la primaria y para ellos ¿qué cosa sería un bebé de seis meses, que no habla, apenas balbucea y definitivamente no camina?

Los tres nacieron en un ocho de abril, en un día que los astros marcan el nacimiento de los aries, un día que por diferencia de tiempo los hizo crecer a su propio ritmo o, en el caso de los hombres, espacios distintos. ¿Cómo fue que el destino los acerco a mi? Es cosa que sólo el destino sabe.

Lo que se alcanza a interpretar es que el 8 de abril parece ser un buen augurio en mi vida.



sábado 4 de abril de 2009

Lenguajes

Me miró con los ojos tristes y se preocupó de que él fuera el causante de mi tristeza. Me aferre a su pecho, me abrazo y no dijimos nada.
Los días fueron pasando, mi cuerpo parecía una de esas plantas que saben que el invierno está por llegar y mueren, invernan, se desaparecen en la tierra hasta la llegada de la primavera. Él sabía que no podía dejarme tampoco mucho tiempo en ese estado. Empaco algunas cosas, me obligo a subir al coche y comenzó a manejar con rumbo fijo y previamente calculado. Mis labios se abrieron, la charla se hizo río que de a poco va creciendo, hasta que por fin la risa me estalló y con ella el llanto.
No nos detuvimos más que por un bocado, siguió manejando sin decirme el destino. Llegamos de noche al lugar. No era el mar. Un lugar perdido en una zona montañosa, muchos árboles, mucho frío. Nos quedamos en una pequeña cabaña, apenas había una cama, un baño, la chimenea encendida, una mesa con sus sillas y unos sillones. Dormimos.
Despertamos y caminamos por muchas sendas. No sentamos debajo de los árboles, nos bañamos en el río. A la noche regresamos al sitio. Dormimos. Seguimos ahí varios días, sin hablar más que lo suficiente. Haciendo más o menos, pero sin cambiar muchos.
La noche que me abrazo y sintió mi cuerpo vivo, su boca se hizo manantial y desbordaron palabras que hicieron germinar bajo mi piel las señales de vida, un despertar tranquilo, un regresar a la vida.
Al despertar todo estaba empacado. Subí al auto por voluntad propia y él volvió a manejar, con rumbo fijo y destino marcado. No dijo a donde íbamos, pero el calor me hizo entender que todo estaba bien. El mar es su lugar favorito. El mar lo vuelve fuerte. Llegamos de noche y directo a dormir. legamos a una cabaña cerca de la playa, apenas lo necesario, suficiente para estar ahí unos días.
Nos bañamos en el mar, caminamos en la arena, tomamos el sol. La noche que lo abracé y calme su calor con mis manos, sentí como un viento soplaba sobre nosotros pareciendo que la cama era nuestro cielo.
A la mañana siguiente subimos al auto, platicamos como si las palabras fueran caricias, no nos detuvimos hasta llegar a casa.

***

Fue entonces que descubrí que el hombre que me descubrió en la multitud con los ojos tristes, es el mismo que sabe de mis secretos. En las palabras de esos días germino todo un bosque de pinos y palmeras.

miércoles 1 de abril de 2009

Una de tres



Las obsesiones matan.

o

Las obsesiones construyen mundos fantásticos.

o

Las obsesiones son lo que dan ritmo a la vida.