Por si acaso no lo saben, el amor de Ariadna, Teseo, la traiciono. Sin embargo llego un dios, capaz de hacerla olvidar a ese hombre, por si fuera poco, hacerla creer en el amor...un fragmento del final del mito griego:
Las siguientes semanas Ariadna las pasó desconsolada y decidida a dejarse morir de amor y también de inanición, nadie ni nada pudo convencerla, cada día era mayor su debilidad, sin que Dédalo ni su hijo pudieran hacer cosa alguna. Mediante un gran silencio demostraban su respeto por la decisión de la joven princesa y su propia frustración, por con todo su ingenio esta vez no podían inventar nada para hacerla cambiar de opinión. Cuando de improviso comenzó a sonar en el ambiente una dulce y alegre melodía que lo inundaba todo con una especie de frenesí, era Dionisos y su comparsa, y apenas llegó se interesó de inmediato por la salud de Ariadna y le dio de beber su más preciado vino, junto con largas dosis de amistad y comprensión, escuchó y habló con respeto e inteligencia y en menos de lo que nadie hubiera imaginado, Ariadna estaba completamente curada, tres meses más tarde Dionisos y Ariadna se casaban en Cnosos, en una gran fiesta que fue comentada en todas las islas por muchos años. Con el tiempo, Ariadna se convertiría en la primera de las bacantes y sería reconocida en muchos lugares como la reina del vino. Los dos jóvenes amantes vivieron felices difundiendo alegremente las virtudes del vino, por los siglos de los siglos.