viernes 26 de junio de 2009

De los extraños momentos de la vida

Por momentos parece que todo está en su sitio. No todo. En realidad son días de tragicomedia. Son días en los que se encuentra la luz y la oscuridad cohabitando tranquilamente en el entorno de un árbol. La sombra se torna refugio y las ramas más altas sienten la caricia de la luz. Todo en el árbol se siente que algo sucede, pero en la sabiduría de sus ramas, sabe que lentamente se llegará a su tiempo en el momento perfecto.
La tragicomedia se vuelve divertida en los momentos más tristes, en los que no hay escapatoria, en los que un trámite se vuelve más importante que la vida misma. Se anda seguro de que las noticias llegan cuando el árbol siente como la luz lo baña y en sus pies se construye un mundo, debajo de sus raíces hay un mundo que si no fuera por él no podría existir.
Se es el silencio de sus raíces y la alegría de sus ramas. Recargado en su tronco un hombre de cabeza blanca descansa. Un semblante tranquilo dibuja su rostro que se acompaña de una mirada perdida. Los recuerdos le aquejan. Le viene a la cabeza imagen del desierto que ha dejado lejos de su vida. Recuerda los días en que el calor se sentía aún debajo de la sombra. Recuerda los momentos en que matar a una serpiente significaba salvar la vida a lo seguro sin dejarle al destino la respuesta.
Pero ha dejado el desierto. Ha decidido caminar a un lugar menos hostil. Sabe sobrevivir a lo terrible y el bosque le parece cosa de niños, sencillo, dulce, simple, olor a tierra mojada, un clima tranquilo para andar los últimos años de vida.
El hombre debajo del árbol se queda muy quieto esperando que el sol desaparezca por el poniente, que se lleve con él los recuerdos del desierto, se queda quieto y cae la noche.
El árbol sabe que la vida está arriba y abajo, sabe que cada lugar es uno y cada uno tiene su ser.
La tragedia a veces es una comedia para aquel que sólo la mira. La comedia es una ridícula tragedia para quién no entiende el sentido de la broma.

No se sabe el momento en que se vive. No se sabe si árbol imagina que el hombre extraña a los cactos o detesta sus ramas.

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