domingo 8 de febrero de 2009
Huida
Se detuvo. No digo nada. Se fue deteniendo en cada momento, en cada segundo, en cada instante, hasta quedarse detenida.
Nadie le dio importancia, creían que era parte del acto. Ni un paso más para adelante, ni un paso para atrás, en medio del salón portando un vestido negro, el cabello suelto. Sin voz. Sin palabras para decir aquello que durante meses ensayo.
Un hombre, que supongo era su pareja, se acerco, la tomo de la mano y la llevo al frente. Subió al escenario. Tomo el micrófono. Lentamente las palabras le salieron, entonadas con la voz más dulce y profunda que pudieron decirse esas palabras. El hombre la tomo de la mano, le ayudo a bajar del escenario, la tomo por la cintura y la acompaño a ir en medio del salón con todas las miradas sobre ella y los aplausos, algunas lágrimas, algunos gritos, pocos abucheos.
Ella se movió tan rápido las piernas le dieron, tan rápido él le susurraba, tan rápido entraban más hombres a alejar a las personas de ella, tan rápido se pudiera huir de aquel acto que para ella había terminado.
Ya lejos del lugar, sabe que era lo que debía hacer, lo que las palabras debían contar al mundo. Retirarse en plena función es algo que nadie puede entender.
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