miércoles 15 de julio de 2009

Verano



Las buenas noticias llegan
y el deseo de vida nace.



viernes 10 de julio de 2009

De regreso al laberinto


Volví al laberinto con el cuerpo destrozado. Minotauro no dijo nada, me cargo y me dejo en la cama, hizo curaciones, me arropo y me encerró. Teme que vuelva a salir, teme más que me encuentren los hombres, por primera vez cree que los seres del laberinto me defiendan a diferencia de los hombres. No comprende como es que temen a uno de los suyos y más si es mujer.
Me ha reclamado mi salida. Nunca lo había hecho. Ahora no quiere que vuelva con ellos, dice que soy bruja y ante el temor estúpido de los hombres debo quedarme a su lado, vivir dentro del laberinto, me ha dicho que han hecho consenso y han declarado una tregua para mi, puedo andar por ahí, me han dado permiso de ser parte de ellos pero no debo salir del laberinto.
Abrazo a Minotauro, lloro en su pecho y acepto el trato.

La Gorgona se queda en la puerta, decidida a matar a todo aquel humano que intente adentrarse al lugar de los seres mágicos.

martes 7 de julio de 2009

Anochecer


Hoy es de esos días raros que sé que no estás, que no vendrás, que no debería pensar en ti. Sin embargo una sutil duda me hace pensar en todo lo que significas, en aquello que deseo, en lo que por algún motivo estoy decidida a conquistar, aunque no seas tú, aunque sea otro nombre, otro tiempo, otro lugar.
Es curioso como las muertes de este año me hacen pensar en ti a pesar de la distancia, me hacen intentar creer que algo debo de decirte, que no de debo quedarme callada porque en cualquier tempestad lo que acaso creímos que nos importa se puede perder.
Hoy te pienso. Hoy quisiera entender en que se basa el ir y venir de dos cuerpos que se mienten, se aman, se odian, se dicen, se desdoblan y sin embargo, sin embargo no le hemos dado punto final.

Para la tarde conoceré el nombre de aquel que sin tetras hable de la nueva noche y los nuevos cometas que trazarán los destinos de dos vidas que sin conocerse el azar junta.

Ahora de mañana pienso en aquello que me queda pendiente de decirte, ahora, justo antes de olvidarte.

viernes 3 de julio de 2009

Mujer en la barra

El deseo del cuerpo se vuelve un sentimiento silencioso. Se trepa por la pierna derecha, sube, escala el estomago y el pecho, descansa un segundo en la garganta para en un último empuje llegar a la cabeza ha quedarse ahí, mirando a los que pasan, revisando como posan y como se mueven, por algunos segundos sutiles en otros momentos, con descuido total.
Renata está decidida a no quedarse sola esa noche. Busca y busca entre los que pasan alguna señal que le permite acercarse al indicado. Sabe que lleva tiempo encontrar al hombre indicado. En su mente siempre ha existido la idea que en otra vida seguramente fue cortesana, geisha, hetaira o algo por el estilo; tal vez no una vulgar mujer, sino algo más especial, tal vez una de esas mujeres que por la forma de hablar siempre se tenía amantes de alto rango: militares, príncipes, reyes, todo aquel varón que ostentara poder.
Ahora en este tiempo ella imagina que debe pagar por ser una prófuga de la moral de todos los tiempos, ahora el deseo que anda por su cuerpo no puede expresarse de tal suerte que debe esperar. Sentada en la barra del bar mira como entran y salen hombres. Su papel de cazadora se agota con los años y ahora a sus cuarenta teme decir algo, teme que algún joven la rechaze.
Pide un segundo ruso negro y un hombre se acerca. Pide un vodka y la mira, le pregunta su nombre y Renata trata de coquetear un rato, lo dice y ríe. Él le pregunte por su soledad y ella se sonroja, no dice nada y bebe. El hombre tiene apariencia de estar cerca de los treinta y cinco años, un macho bien cuidado que viste finamente, uñas limpias y grandes, manos suaves. Renata huele que es un ejecutivo. El hombre comienza a hablar sobre lo terrible de la economía, del trabajo, del mundo, ella le responde en la misma temática y comienza hablar de la perdida de sentido. Discretamente él le mira las piernas, las pantorrillas bien torneadas se le hacen suculentas. La invita a una mesa. Renata accede y se sientan en la de en medio. La gente pasa y ellos siguen en la platica, siguen platicando; el hombre le pregunta por su vida y ella sólo dice que es una geisha.
Siguen durante más de dos horas. El pide la cuenta, paga, le roba un beso y le paga. Deja mil pesos. Toma la tarjeta de Renata y se va.
Ella regresa a la barra, el cantinero le sirve un tercer ruso negro y le dice "De verdad que las oidoras son todo un éxito en este bar".

martes 30 de junio de 2009

De caerse de la nube

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Los castillos de nube nunca deben habitarse.
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La Montaña siempre es una buena opción
para quedarse en la seguridad de los dragones.
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sábado 27 de junio de 2009

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Los días nublados me saben muy bien a tu lado.

viernes 26 de junio de 2009

De los extraños momentos de la vida

Por momentos parece que todo está en su sitio. No todo. En realidad son días de tragicomedia. Son días en los que se encuentra la luz y la oscuridad cohabitando tranquilamente en el entorno de un árbol. La sombra se torna refugio y las ramas más altas sienten la caricia de la luz. Todo en el árbol se siente que algo sucede, pero en la sabiduría de sus ramas, sabe que lentamente se llegará a su tiempo en el momento perfecto.
La tragicomedia se vuelve divertida en los momentos más tristes, en los que no hay escapatoria, en los que un trámite se vuelve más importante que la vida misma. Se anda seguro de que las noticias llegan cuando el árbol siente como la luz lo baña y en sus pies se construye un mundo, debajo de sus raíces hay un mundo que si no fuera por él no podría existir.
Se es el silencio de sus raíces y la alegría de sus ramas. Recargado en su tronco un hombre de cabeza blanca descansa. Un semblante tranquilo dibuja su rostro que se acompaña de una mirada perdida. Los recuerdos le aquejan. Le viene a la cabeza imagen del desierto que ha dejado lejos de su vida. Recuerda los días en que el calor se sentía aún debajo de la sombra. Recuerda los momentos en que matar a una serpiente significaba salvar la vida a lo seguro sin dejarle al destino la respuesta.
Pero ha dejado el desierto. Ha decidido caminar a un lugar menos hostil. Sabe sobrevivir a lo terrible y el bosque le parece cosa de niños, sencillo, dulce, simple, olor a tierra mojada, un clima tranquilo para andar los últimos años de vida.
El hombre debajo del árbol se queda muy quieto esperando que el sol desaparezca por el poniente, que se lleve con él los recuerdos del desierto, se queda quieto y cae la noche.
El árbol sabe que la vida está arriba y abajo, sabe que cada lugar es uno y cada uno tiene su ser.
La tragedia a veces es una comedia para aquel que sólo la mira. La comedia es una ridícula tragedia para quién no entiende el sentido de la broma.

No se sabe el momento en que se vive. No se sabe si árbol imagina que el hombre extraña a los cactos o detesta sus ramas.